Blog de Paloma Moure Psicóloga

Ser Mayor en una sociedad edadista
Después de varios años trabajando con mayores, me sigue sorprendiendo el desconocimiento y la falta de sensibilidad que tenemos en nuestra sociedad hacia las personas mayores.
Es una etapa de la vida por la que pasaremos todos (presumiblemente) pero que no nos gusta mirar de frente (ni de reojo).
Me sigue sorprendiendo también que amparados en “la buena intención”, nos creamos quienes para decidir en su nombre (sin un auto judicial mediante), con la arrogancia de quién cree que sabe lo que es “mejor para ellos”. Médicos que con la persona mayor presente, le hablan a los hijos, hijos que responden por ellos, sanitarios que en algún momento no tenemos en cuenta sus derechos, deseos y necesidades... Es impresionante que sigamos haciendo lo que no nos gustará que nos hagan en unos años.
Y es cierto, muchas de las decisiones que tomarán no serán las mejores para su salud, (nada más lejos de la realidad de las que tomamos los menores de 65) pero están en el DERECHO a tomarlas.
Ser mayor no significa en todos los casos deterioro cognitivo, ni estar sordo, ni mudo, ni ciego, ni mucho menos perder el derecho a equivocarte y a tomar tus propias decisiones.
En los centros de mayores, salvo algún/a maravilloso/a (a la par que incómodo para el personal) subversivo/a, tienen totalmente asumido que ser mayor implica “obedecer” y seguir las normas, como una persona en situación de inferioridad se doblega en aras de recibir la mejor atención posible. Me duele escribirlo y duele leerlo. Pero deberíamos preguntarnos el por qué de este ambiente de sumisión.
Lo que más me impresiona es que los gobiernos no destinen la atención, los medios y mucho menos los recursos a procurar la mejor atención posible a más de un 20% de la población.
Ojalá empecemos a mirar la vejez sin miedo.
Ojalá dejemos de infantilizar.
Ojalá recordemos algo tan simple como urgente:
“No hagas lo que no te gustaría que te hicieran a ti”
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